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asesoria

decálogo. 1. m. Conjunto de los diez mandamientos de la ley de Dios. 2. m. Conjunto de normas o consejos que, aunque no sean diez, son básicos para el desarrollo de cualquier actividad.

•Lo primero que debéis saber es que al teleoperador le pagan por hacer su trabajo, que no siempre (de hecho, muy pocas veces) tiene que ver con ayudar al cliente.

•Lo segundo que debéis saber es que cuando llamáis con la ira de un mohicano cuya mujer acaba de ser violada por una tribu rival diciendo que la empresa es una mierda y que todos los que trabajan ahí son “unos ladrones y unos sinvergüenzas”, el teleoperador está reprimiendo sus ganas de abrazaros porque coincide al 100% en todas vuestras apreciaciones… a no ser que sea un teleoperador trepa y lameculos. Ya es triste y penoso (da “ascopena”, que diría Álex de la Iglesia) ser trepa y lameculos, pero ser teleoperador trepa y lameculos es… desconcertante. Es decir, eres TELEOPERADOR, ¿a dónde leches quieres trepar?

•Lo tercero que debéis saber es que nunca encontraréis la complicidad del teleoperador… a no ser que el teleoperador encuentre ahí una vía para salvar su culo; o bien seas uno de esos abuelillos entrañables de España que realmente necesita ayuda. No llames fingiendo ser un abuelillo entrañable. Recuerda lo del ascopena.

•Lo cuarto que debéis saber es que la expresión “soy cliente vuestro desde hace…” significa tanto para un teleoperador como una cagada de paloma en una estatua para el Ayuntamiento. TODOS SON CLIENTES NUESTROS DESDE, no vengas alardeando.

•Lo quinto que debéis saber es que el teleoperador SÓLO quiere resolver la llamada a su favor (el de la empresa) puesto que la llamada está siendo grabada. Tu felicidad personal, como ya dijimos en el punto uno, es irrelevante. Así que, lo más inteligente, mucho más que montar un pollo y rebelarte contra el sistema, es ayudar al teleoperador a ayudarte. Ayúdale a ayudarte.

•Lo sexto que debéis saber es que, pese a sonar cansinos y asépticos como cyborgs enviados desde el futuro por Skynet, los teleoperadores tienen corazón (bajo su endoesqueleto de metal). Cuando decís “sé que tú no tienes la culpa de esto” antes del chorreo, el teleoperador lo agradece. Siempre.

•Lo séptimo que debéis saber es que cuando tratáis al teleoperador como a una basura humana, el teleoperador secreta y furiosamente desea vuestra muerte. Y suele tener acceso a todos vuestros datos personales.

•Lo octavo que debéis saber es que cuando llamáis a un servicio de atención al cliente para escuchar cómo se soluciona un problema, la parte más importante de la llamada es aquella en la que ESCUCHÁIS cómo se soluciona el problema. Hablar tres minutos seguidos sin parar para respirar no soluciona mágicamente el problema. Si fuera así, en Argentina no existirían los teléfonos de atención al cliente.

•Lo noveno que debéis saber es que el teleoperador SIEMPRE está escuchando, está obligado por contrato a llevar unos auriculares que perforan su mente y aniquilan sus neuronas cada día. “¿Me está escuchando?”, Eeeeeem… sí. “Señor lechero que tiene sus manos en las tetas de las vacas y las está exprimiendo… ¿está usted ordeñando las vacas?” Eeeeeeem… sí. El teleoperador sabe que, pese a la estupidez de vuestras palabras, la resistencia es inútil.

•Lo décimo que debéis saber, y quizá sea éste el punto más importante de todo el decálogo, es que el teleoperador ya odia bastante su propia vida como para que vengáis vosotros a tocar los cojones.

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